Historia de la traducción

Aquí le presentamos El Nuevo Testamento en nuestro idioma náhuatl que con la ayuda de Dios y con mucho gozo se ha logrado traducir completo, fue un proceso muy arduo, de mucho sacrificio y entrega.

Esta traducción ha sido por un periodo largo, inició en los años 1943, cuando llegó al pueblo el Lingüista del Instituto Lingüístico de Verano, el hermano Guillermo Low y su esposa Joan, junto con uno de los colaboradores más cercanos que podemos recordar es el hermano Crescencio Salas Bautista, con él inició las primeras traducciones del texto del Nuevo testamento. Durante el trascurso del desarrollo, surgió muchas dificultades, hasta persecuciones por la misma autoridad de la localidad, y aún así continuó.  En el año 1965 llega el Lingüista Carlos Wolgemuth con su esposa Marilyn. Después de la salida del hermano Guillermo, para continuar con la obra de Dios que es la traducción de la Palabra de Dios, unos colaboradores y uno de ellos lo recordamos es: Genaro González, y probablemente el hermano Crescencio Salas siguió colaborando también.

Para el año 1984, llega nuestro hermano y Lingüista Chris Hurts, que durante casi 30 años ha dado su vida por la obra de Dios, junto con sus colaboradores muy distinguidos y de buenos testimonios como dentro y fuera de sus iglesias, terminan con todo los procesos de consultoría de la obra el año 2016, misma que inmediatamente se mandó hasta el país de Corea para su impresión.

Y para el 21 de febrero año 2017, se hace la presentación en el parque Central de Mecayapan donde acudieron muchas iglesias de todas las denominaciones existentes en el pueblo y así mismo de las otras comunidades hablantes del idioma.

En hora buena, le invitamos a disfrutar de este hermoso material en su propio idioma y seguro, después de leer nada será igual para su vida.

“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16)

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